Combatir contra un pasado, es siempre combatir algo perdido. Un pasado que no se ha terminado, es un pasado que se mantiene a flote, un pasado lleno de sentimientos encontrados, una raíz no muerta que florece en el medio del campo de batalla. Una maldición sin terminar emerge de las mas profundas sombras que ataca, corroe, destruye, y reclama lo que fue suyo. El caballero nuevo no puede ante ese dragón de tiempos ancestrales, un caballero nuevo no puede contra esa bestia desconocida que regresa del ayer para capturar de nuevo a su princesa. Y ella con el síndrome de Estocolmo se entrega con brazos abiertos a aquella rareza de la naturaleza.
Me tocó vivirla alguna vez, allá en esos tiempos lejanos en tierras lejanas. Jugando al ganador decidí pasar un buen rato con un amor perdido en el tiempo. Al final al cabo ninguno de los dos nos dijimos adios, ni hubo despedida, ni llantos, ni abrazos, ni nada. Era una noche tonta y caliente, la gente deambulaban como zombies de aquí para allá, desviando miradas cruzadas en cada esquina. Ella estaba nerviosa y yo emocionado. Estaba mucho mejor desde que la conocí, habia cambiado de pie a cabeza, tenía el pelo mas largo, el cuerpo más en forma, pero los ojitos dulces aún seguían intactos.
Me enteré que salía con otro, o que recién lo conocía, no me acuerdo ni le presté mucha atención porque a pesar de eso ella estaba allí delante de mí, arreglada, con una falda de infarto, la blusa que compramos juntos tiempo atrás, y la suavidad de sus manos. Tomamos un café, conversamos, reimos, coqueteamos, nos alagamos, y la noche siguió su curso. Esa noche me tocó ser el ganador, el pasado venció el presente, y yo felíz como siempre, dormí tranquilo sobre mi alcoba de un hombre decente. Pero el hoy es diferente, ahora yo estaba al otro lado de la historia, era el que esperaba mientras ella tomaba un café con él. Y viendo como la vida da vuelta, reí, miré a un lado, miré al otro, y cruzé la calle para andar por lo otra acera.
