La mañana matinal del abrasador sol nos hacía reunir una vez más al ejército del "Spanish Language Club." El motivo fue el mega evento de todos los años, "El Día de Los Muertos." La trompeta de guerra sonó abruptamente, y los soldados dispersos se acercaban uno tras otro a colaborar con el club. Unos arreglaban las mesas, otros ordenaban el escenario, y otros la mesa donde se iba a vender tamales y horchata. Todo fue poniéndose en su lugar con el pasar de las horas, y el sudor infaltable ya hacía estrago en las frentes trabajadoras de los muchachos. El tiempo fiel enemigo del hombre no daba tiempo para más, y las cosas empezaron ha tomar rumbo. Por mi parte yo me quede supervisando el dinero en la venta de las cosas, mandato obligatorio por funcionarios de altos cargos.
Después del acto dictatorial que se me impuso, empezó la venta de tamales. En mi mesa estaban: el siempre serio, Dino, con la voz que lo caracteriza, mas bien diria las palabras con que lo originan. Quizás sea el único que diga la verdad a su parecer o quizás no. Luego la ezquizofrénica de Nayeli, con su humor negro que la representa, su incesante imperactividad, y esa voz chillona que posee. También estaba una gordita, que no logro acordarme su nombre, o quizás nunca me lo dijo. Fue la primera en animarse demostrando ese ímpetu que yo perdí semestres atras. Como toque final y cerrando el telón, estaba Senia, miembro nueva del club que posee una extraña mirada de angel y una sonrisa contagiosa. Y estos eramos los jinetes de la venta, los papis y las mamis del tamal y la horchata, los del punto de quiebre, todo eso eramos en ese día especial lleno de sorpresas.
El tiempo transcurría copiosamente, pareciérase que escapara del mas terrorífico diablo. La venta llegaba a su fín con los últimos pedidos, la horchata tocaba fondo en el bidon, el cansancio hacía su entrada triunfal, y el calor no daba marcha atrás a su infernal banquete. Las anécdotas fueron muchas, el tiempo demasiado corto, la compañia servicial fue de lo mejor, el nerviosismo no se hizo esperar, algo en mi cambió, para bien o para mal. La foto en grupo lo dice todo. Somos como una familia, una familia que se junta en las fechas importantes, compartimos, reimos, y otra ves vuelvo a recalcar que cuando se quiere, se puede, que cuando se puede, se logra, que cuando se logra, se festeja, y cuando se festeja, se vive.



