Era una mañana demasiada perfecta para ser realidad. Ell frío amenecer penetraba nuestra ropa, nuestra piel, y carcomía nuestros huesos. La mirada y flojera jugaban un rol importante en este nuevo capítulo de mi vida que marca descaradamente en mi ser. Yo no sé como ocurrió, ni como se nos escapó de las manos, ni a que hora empezó, ni en que tiempo terminó, lo único que se, es que mientras manejaba con rumbo a la universidad, algo mío se quedaba en casa. "Llevate galletas", dijo ella. "Si yo siempre llevo galletas" respondí yo. Y esas dos frases fueron las detonadores de una bomba de intercambios verbales, de descenso del ánimo matinal, y de la mancha negra que se ensucia con cada acto de esa naturaleza peculiar.
"Mas estudio, mas bruto" repitió incansablemente ella durante toda
su vida. En cambio yo allí, tratando de calmar las aguas en plena tormenta. Y es que desde la perspectiva de un joven que cruza las fronteras mas minadas de su vida, es algo común que respuestas rapidas se divulguen, inclusivemente sin pensarlas. Por lo tanto esa mañana rara se transformó en una mañana horrenda. Me fuí sin decir un adios, me fui sin mirarla, silencioso todo el camino lleno de camiones y carros, de personas y animales, repleto del despertar del sol, en medio de todo eso, el peso en la conciencia me mataba. Ganas de gritar a esta vida que te oprime, y agachando la cabeza queria dar vuelta en U, regresar atrás y pedir perdon.
Si erré mal, que me perdone. No medí mis palabras, ni siquiera las pensé, ni las medité, ni las mastiqué, ni las perfeccioné. Tan solo lo solté en plena cocina, de espaldas a ella, cuan cobarde ataca. Pelearse con alguien a quien quieres mucho, siempre pero siempre es doloroso. Te arranca el corazón aún palpitiendo, te reprime en una caja minúscula, no te deja pensar, y todos los sinsabores del mundo te caen encima en un alúd. No pude decir un disculpa, un perdon, o un lo siento porque me embargó una mudez incontenible. Y solo al final del día, los ojos miran al hades quemándose con el fuego abrasador porque quieres llorar pero no lloras. Sufres en tu condena de pelear con tu madre, progenitora, amiga, y consejera, si la misma persona que se levantó a las 6a.m ha preparte el desayuno para que no pases hambre.

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