Una mirada al pasado siempre es muy bien recibida, con la nostalgia con la que se merece. Levantando las ramas de olivo damos bienvenida a memorias guardadas en nuestro cerebelo mas escondido de nuestro ser. Y es que el presente sobrevive gracias al pasado, y un punto de arranque siempre funciona como un punto quieto. La historia que contaré da inicio a una relación, a la primera vez que me enamoré, y de un bello trama digno de ser una novela, de un libro, o mínimo una miniserie. Es el comienzo de mi amorío con la señorita Cynthia Peña Campos, que aunque tenga mi segundo apellido, no es familiar mio. Cynthia mas conocida como la gata, o la comegatos, o la bubu, fue la morenita que cautivo mis ojos desde que la ví. Aunque era ajena al principio, se presentó la oportunidad aquella noche de carnaval, aquella noche diferente, de esas que nada te sale mal.
Me gustó su forma de caminar, el brillo de sus ojos, su sonrisa
inocente, su tez morena, y su capacidad en el mar. Me gustaron sus manos, sus piernas, sus abrazos y especialmente ese olor a niña entrando en plenitud con su parte mujer. La noche era rara, había gente de aquí para allá, en un vaiven pausado, y para suerte mia los faroles se apagaban y prendían en un parpadeo incesante, inquieto y digno de invitacion a los mejores rinconazos de amor. Pasó por mi casa, me saludó y la sangre dentro de mis venas hirvió. Me ofrecí acompañarle a su destino, y atrás quedo el grito de mi abuela diciendo que mi cena ya estaba servida en la mesa. Y durante ese trayecto, coqueteamos, hablamos, reimos, y el primer beso llegó.
Me la jugué por ella como un apostador por su caballo, siempre al ganador. Aunque eso me costó un mes de compartir con mi mejor amigo que ya había adelanto sus tropas en el territorio de ella pero que las había retirado luego de ganar la batalla. Por lo tanto, ella quedo indefensa ante otro ataque, y fue mi imperio quien atacó. Luego empezó lo mas bello que uno pudo vivir, una historia digna de enciclopedias, entrevistas, homenajes y todo lo que se pueda archivar. La gata como le deciamos por el rumor que se corrió que ella se comía a los gatos fue una de mis grandes amores que irrumpieron en mi atormentada vida adolescente. Y como dice la cancion a manera de final: "No me arrepiento de este amor, aunque me cueste el corazón. Amar es un milagro y yo te amé, como nunca jamás lo imaginé ..."
Continuará ...
Fotos: Ella y su actual esposo.

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