Eramos dos criminales cometiendo una fechoría, eramos los perseguidos por nadie, eramos testigos de nuestro propio aliento, eramos todo en tan solo tres metros cuadrado, eramos solo tu y yo, y el mundo que estaba al otro lado. Tu mano apretaba la mia, tu mirada miraba a una pared fría, tu mente se perdía y con él la mia se perdía también. Contemplando lo hermosa y lo crujiente que sos vos cuando intimas con esa parte de tí que quiere salir, con esa parte mujer que a gritos pide liberación, pide ser amada y que pide pasión. Yo ví cuando temblastes, cuando tu piel recibia aquellas descargas eléctricas que no matan, cuando abrias la boca de sorpresa y de fascinación, cuando sentias que el universo se venia abajo y como el cielo y la tierra hacian el amor.
Yo estuve allí en esa habitación perdida, es ese cuarto alejado que virgen permanecía, en aquella maquina creada para subir y bajar, y que funcionó a la perfección porque subimos y bajamos cuantas veces queriamos. Toque todo de tí encantando cada rincón de tu ser, sosteniendote en el aire mientras yo me deliraba en el piso. Que cuerpo para más perfecto, que cuerpo para más candente, una alabanza al cuerpo que me gusta, que me mata y me enloquece. Tu mirada coqueta, tu sonrisa malvada, la perversión de tus ojos y el cariño de tus besos y caricias que el viento controlaba. El miedo al ser descubierto latía también pero que bien se siente cuando lo prohibido está en marcha, cuando dos pajaros no tienen un nido de amor para dar rienda suelta a sus muy buenas canciones de pasión, de deseo y cortejo de primaveras calientes en tiempos de dolor.
Es el ascensor que sube pero que no baja, es el ascensor creado justo en el tiempo preciso y a la hora exacta. LLeva nuestros nombres marcado en la pared junto a nuestras huellas dactilares y el sudor que nuestro cuerpo emana. Te recorrí toda en tan solo minutos, recorrí aquellos caminos y aquellas curvas que con cada trayecto encendía más la pasión de la lujuría. No estabamos presos en un pequeño espacio, estabamos presos en nuestros propios cuerpos, te aferrabas a mi como trampa mortal y yo me aferraba a ti como raton en ratonera fatal. Sintiéndote mía más de cerca, sintiéndote mujer en plena vivencia de su vida. Estamos locos, yo lo sé pero a quien podemos culpar si el deseo es grande y el mundo es pequeño para nuestro amor que recien va a empezar. EL MUNDO NO BASTA PARA NOSOTROS DOS Y SIEMPRE HABRA UN MAÑANA QUE NUNCA MUERE EN NUESTRO CORAZON.
