Acércate a mi labio, y húndeme en los sueños. Hasme temblar, hasme tu dueño. Apágame el sol para poder vernos en la misteriosamente oscura, calle de los besos. Tómame de la mano mientras yo acaricio tu pelo. Hasme sentir vivo, hasme sentir muerto. Respira profundamente, respira tranquila que mi mano recorra partes de tu vida. Abrázame mientras me besas, protéjeme mientras puedas porque es un campo duro de batalla en donde pierde el que no gana. Simbolismo ilógico, palabras disparejas, todo eso ocurre cuando tú y solo tú me besas. Olvídate de los sueños, olvídate de las promesas, de las tareas, de los exámenes, y del tiempo quien es el quien no espera. Siente el palpitar de tus ojos achinados cuando nuestros labios se saludan tomados de la mano en aquel verano lleno de besos drogados.
El mundo desaparece en cada cortina manchada de rojas marcas, el mundo desparece en calles grises con osculos perversos, el mundo desaparece cuando me miras con esa mira coqueta, esa mirada dulce, esa mirada tierna. Volver a tocarte es lo que anhelo, volver a sentirte mía es lo que quiero, y que me abrazes fuerte y nunca me sueltes es lo que deseo. El tiempo enemigo nuestro, el tiempo se esfuma en cada verso matando nuestras esperanzas de estar juntos por más tiempo porque el tiempo es el hoyo negro que absorbe el universo. Todo un camino por recorrer, todo un camino siniestro, los problemas que vendrán, las batallas que ganaremos, una guerra ya declarada entre la incomprensión y el amor de nuestros tiempos.
Concluyendo esta historia de besos y arrumacos, solo me queda decirte que me beses mucho mi amor que el tiempo no espera, y menos espero yo. Que se encienda troya en cada movimiento de la boca, en cada respiro cercano, en cada mirar coqueto, y en cada abrazo de enamorados. Vivamos el sueño que forjamos, vivamos el alimento que Dios nos ha dado. LLenémonos de puro amor entrelazados, perdidos en aquel parque, alejados en aquella playa, en aquel rincón, o en aquella banca. El viento sopla a nuestro favor, los planetas se han alineado, el calendario solar llega a su fín vibrador y nuestros labios se juntan una ves más para dar rienda suelta al festín repleto de deseo sin razón.

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