miércoles, 4 de febrero de 2009

El Cangry

90eDNR750035-02 Le piso el acelerador y el carro embala como si estuviera siendo perseguido por el diablo. Miro a un lado, miro al otro, el semáforo está en rojo, la gente cruza por delante mío, espero y luego arranco. Estar sentado como piloto de una máquina infernal que sube a los cielos y baja al infierno es sentirse cada ves más responsable, viejo, cansado, y de edad. Creo tener el auto fantástico, el que todo lo puede, el que corre, el que frena en seco, el que mejor música tiene, el semidiós de las autopista, el arcangel de la ciudad, mi carro siente y yo lo siento, porque mi cangry es mi máquina de transporte, es mi mal necesario como lo dijo un día mi papá al comprarlo, y al que cuidarlo debo, manterlo tengo.

Un día como hoy hace un año que el me acompaña a donde voy. Convariado 042 su incansable pistas de música que suenan en diferentes direcciones tocando el mismo cd por semana, y las mismas voces por dias. Recuerdo la primera ves que lo ví, no fue amor a primera vista, ni le tome atención, pensé que no duraríamos mucho pero me equivoqué. Aunque durante este año tuvimos miles de problemas en donde discutimos con palabras y palabrotas, nos hemos mantenido juntos. Recuerdo el día en que se enfermó tan profundamente que no andaba por más de dos semanas, todos temimos lo peor. Resucitó como resucitó aquel llamado Lazaro que después de días y putrefacto de los pies a la cabeza se levantó. El cangry empezó de nuevo su marcha solemne por las calles de California con brillo nuevo y una sonrisa en la cara.

variado 041 En el se subieron toda clase de personas, amigos, conocidos, amantes, desconocidos, extrañas. A el le gustó llevar personas y a otras no exactamente. Tiene vida mi máquina de cuatro llantas, siente el dolor del dueño, se empaña con la nostalgia del invierno, y suda con el calorón del verano. Está alegre cuando respira la brisa marina, está triste cuando respira el polvo del estacionamiento y disfrutamos cuando recorremos el Buena Park Downtown. Luego llegó este nuevo compañero, un intruso que quiso meterse en nuestras vidas, pero que gracias al compañerismo de un buen amigo dije No. Mi carro sigue conmigo, y así seguirá hasta el día en que de su última arrancada, el último respiro desde su motor malgastado, su última vuelta en U, su última frenada, el día en que la grua venga para llevárselo al lugar de donde no volverá jamás.

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