Te dejé en silencio, en silencio abrumador. Te dejé callado con un breve adiós. Se me hizo eterno, se me hizo soñador, manejar lo más rápido que puedo, maldito el patrullero observador. Estabas allí atrás como un fantasma sin vida, con tu celular en la mano, como me gustaría tener esa salida. No hubo ninguna palabra, tan solo el de la despedida. La ciudad se me hacia chica, esa ciudad que cuenta una y mil historias bonitas. Luego arranqué solo, solo con la radio encendida. Entre al freeway cinco con las ganas de llorar para desahogarme de la noche en que tu te divertiste y yo era un zoombie más. Puse una y mil canciones, puse “Si no te hubieras ido” de marco antonio solis y ninguna lágrima rodó. Puse “Me muero por tus besos” de la quinta estación y mis ojos se llenaron de tristeza,tristeza que al final se desvaneció y el viento que entraba no me permitió llorar el lamento de tu desaparición.
Mientras iba a 90 millas por hora llegando casi a 100, veía las nubes negras que se formaban en una madrugada para el olvido. Una madrugada en el destino, fría y desolada como aquella chatarra verde que yo manejaba, maquina infernal de recuerdos del paraiso terrenal. Y así intenté todo el camino llorar, y aunque no lo logré, me fui con un silencio sepulcral. Llegué a casa en donde dormitaban todos a escondidas, y en donde vi mi cama/mueble tendida que reafirmó el querer de mamá que ya dormía. Me quité la ropa aún mojada del único juego que me divirtió, y me puse ropa seca para calmar el caluroso frío que quemaba los huesos y enfriaba el corazón. Me puse a pensar en la noche transcurrida, en lo linda que estabas, en lo alegre que te veias. Las carcajadas que desprendías, tus cachetes que se expandian. Oh que felíz me hacias!!!
Como me hubiese gustado compartir esa alegría, poderte abrazar, poder sentir tu piel cerca a la mía. Mirarte a los ojos, devolverte la sonrisa, gozar la emoción de una casa asustadiza. Sentir tu respiración escondidos en los humos polvorientos de la imaginación. Sentir tus manos que rozan las mias, pero todo congeniaba a que la distancia era la que prevalecia. No lo niego que me moria por sentirte mia, por comerte a besos, por morderte los labios en algún rincón oscuro o en una tienda a escondidas. No lo niego y aunque me critiquen, me moría de ganas de abrazarte en esa noche para nada fría y aunque todo fuera fantasía, me atreví a darte un beso aunque sea en la mejilla para que sientas que te quiero, que te quiero siempre viva. Discúlpenme amigos, yo sé que alimento mentiras, pero no saben lo bien que me siento cuando escribo en nombre de ella, aunque ella ya me halla mandado al olvido.

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