Una mañana desperté de lo más tranquilo con un sonrisa en mi boca, con mis propios latidos. Una mañana muy común, muy ordinario para mis ojos cautivos. El recuerdo de un amor, la familia y los amigos. Una mañana como cualquiera desperté con ganas de tener algo en mente, de tener un proyecto o una meta vigente. Una mañana de sol cautivador que refleja palabras lanzadas al viento, palabras de un verano lleno de amor. Una mañana como la de hoy me despertó en plena vigilia, en pleno sueño dulce, en plena fantasía. Una mañana como la de hoy domingo me hizo ver el mundo a mi alrededor y al decir la verdad, no me gustó.
Todo tan pausado, y tan tranquilo, sin preocupaciones del ayer, sin remedios ni cautivos y sin lágrimas por el cual correr. Una mañana lenta y aburrida entre cuadernos y papeles, entre exámenes y psicología porque es una mañana maldita una mañana tranquila. Una pregunta cruza por mi mente, si estás bien o si estás mal, bueno te puedes cuidar sola es hora de almorzar. El viento casi leve de tardes de sol abatido, donde los pajaros vuelan bajo y en los latidos suenan gritos. Todo en la casa se mueve con la ayuda del hombre, cambios que llegan y nombres que se esconden.
Un frío que hiela hasta los huesos, un veneno que recorre arterias y venas, ojos desorbitados perdidos en el tiempo, lagunas mentales de una vida que llevaba y que ahora es solo recuerdo. El fútbol en la televisión anuncia el gol del último minuto, una sonrisa leve y la seriedad consecuente. Una mirada al suelo, o una mirada al cielo, lo mismo viene a dar porque uno no sabe de donde viene, ni mucho menos a donde llegar. Parece lejos el camino, parece imposible de recorrer pero la esperanza se presenta cuando tienes un porque. Una mañana me desperté para dejar de hacer las cosas que me hacian mucho bien.

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