La noche da sus primeros suspiros, el romanticismo está a flor de piel, yo me he quedado sorprendido de que tu tuvieras razón por primera vez. Estás en lo correcto desconfiada amiga, dices toda la verdad, es por eso que yo hago lo que dice mi conciencia aunque no sé si tenga razón en actuar. Yo no quiero enfadarla, yo no quiero causarle más daño, quiero que ella sea felíz haciendo su propia vida con una sonrisa en sus labios. Es por eso que a veces me alejo, aunque tu sabes muy bien que yo no quiero, es un sacrificio enorme el que estoy haciendo pero vale la pena al menos, por ella y solo por ella a la que tanto quiero. Y me hace sentir bien saber que ella es felíz, aunque descuide en sus alimentos, me hace sentir bien que sus días son mejores a los que yo pintaba de color gris con mis silencios y malinterpretaciones. He aprendido a guardar silencio para que ella cante sus propias canciones.
Como me hubiese gustado defenderla de las palabras tercas de alguien que no quiero mencionar su nombre, como me hubiese gustado protejerla, pero es trabajo que ya no debo y derecho que ya no tengo. Solo una mirada y un abrazo fue suficiente para decirle muchas cosas de mi corazón, aunque me quedé con las ganas de defenderla de ese ser malintencionado y conchudo, pero ella puede sola manejar la situación. Espero que me entiendas amiga desconfiada, esa noche me aguanté muchas cosas, cosas locas e irrelevantes que solo cruzaban por mi mente descompuesta. Porsupuesto amiga desconfiada, ella estaba preciosa como la primavera, no podia encontrarle defecto alguno, su sonrisa colgate y sus ojos infernales eran dos luceros que se mezclaban con las luces de aquel sitio pequeño. Fue la dueña de la noche, bailó como nunca en su vida, yo solo parado en una esquina que alegre me sentía. Ella era un ave libre, un ave en pleno vuelo, un ave que no tiene jaula ni tiene encierro. El bonito recuerdo de estaciones pasadas porque ella nunca cambió, sigue viva, alegre, jovial, pícara y juguetona, como en las historias recordadas.
Lo sé amiga desconfiada, a veces la veo perdida, a veces la veo pensativa, quizás tenga un problema, me gustaría preguntarle, pero creo que es mejor mantenerse al márgen. Me gustaría ayudarle, hago lo que puedo, siempre la voy a querer por ese cariño que le tengo. Aún me cuesta llamarla amiga (prefiero decirle maldita), y quizás nunca lo haga porque aún huelo su aroma de mujer que me droga y me domina aunque ya encontré la fórmula para hacerle efectiva. Tienes razón desconfiada amiga, no quiero perder su amistad nuevamente, y aunque ya no me sienta con ella muy seguido para hablar de todo como cómplices en veranos pasados, me siento tranquilo de que no está sola porque tiene gente que la quiere a su lado. Estaré allí cuando ella me necesite, me iré cuando ella me pida que me valla, la querré en la forma que ella quiere que la quiera, la respetaré con todo mi alma. Si tienes razón aún está presente en mis entradas porque ella es inspiración para poder escribir estas cosas que nadie lee ni nadie alaba. Atrás quedaron heridas, atrás quedó lo nuestro, ahora ella es felíz y yo soy felíz contemplándola aunque sea desde lejos.

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