domingo, 22 de noviembre de 2009

La Chica del Velo Rosa

l_9e2c5005e15b108bdc773bd188326bfb Nadie sabe como llegué a tu vida, nadie sabe como llegastes a la mía. Nos involucramos con la primera mirada, el primer toque de estrellas al amparo de la luna que jamás brillaba. El tiempo pasó lento en nuestras miradas, en tus lágrimas reprimidas, en los quince minutos que nos veíamos al día. Al principio fue desesperante acostumbrarme, fue toda una pesadilla interminable, esperarte a la salida todos los días para verte minutos, segundos, y un tiempo que no volvía. Que aparecieras con ese velo rosa, ese velo de seda que a veces cubría tu cara y que aveces me creaba una sonrisa. Nuestro amor fue fugáz, intenso, y apasionado y así de rápido como llegó, así de rápido se esfumó. Las cosas eran difíciles, eran tormentas imparables, los gritos de tu señor padre que en paz descanse y las miradas inquebrantables de tu señora madre, loba de las estepas, con pulseras y brillantes.

l_2ec8a931252875541ee73a761da7b0c5 Nuestra aventura, nuestra loca aventura de película hindú, de película de generaciones pasadas, que lamentan el tiempo perdido, que lamentan lo sucedido en historias vagas. Estaba ya cabalgando aquel caballo del amor cuando me tiró al piso de un porrazo como agua fría en pleno invierno de calor. Todo pasó tan rápidamente, me preguntaba donde estabas, no conseguia respuestas, miraba la luna que lloraba, las estrellas que sufrían, mi mundo se hacia chico, y tu volabas a tierras distantes a tierras lejanas. Me quedé perplejo, me quedé en nada, ya no tenía tus manos blancas, ni jugaba con tu velo de seda, no tenía nada, absolutamente nada. Me quedaron tus recuerdos, recuerdos escondidos en algún rincón de aquel camino que albergó nuestros besos y nuestros encuentros furtivos. “…Mujer del desierto que esperas vaga el regreso del marido prometido, mujer del desierto que desapareces como desaparece el oásis en tu propio terreno, en tu propio destino …”

l_467ebe9f483dfaaf7522648cb2db79c9 Y ahora que entendiste que luego de dos años ya no puedo sentir lo mismo. Ahora que entendiste que fuistes tú la que condenastes lo vivido, condenastes nuestra historia, condenastes nuestro amor, condenastes todo lo cosechado por tanto solo temor, miedo, desazón, angustia y más temor. Tú la que te fuistes a tu país huyendo de la prohibición, de la negación de tus padres a nuestra historia de amor, vienes y tocas mi puerta con una sonrisa elegante como si no hubiese pasado nada, como si el tiempo hubiese borrado las heridas de un pasado marchito y desolado. Pero pongámosle un punto final a esta triste entrada, y hablemos ahora de nuestra linda amistad que creo que tenemos através de una página social ya que el destino quizó que vivieras en una ciudad al norte, donde las cosas son más frías en épocas invernales que hielan nuestra suerte y abren nuestras heridas. Quizás sea una entrada de reclamo, una entrada que desahoga, una entrada marchita, una entrada minúscula de tiempos pasados, de tiempos lindos y dolorosos que se quedaron marcados en aquella pared con nuestros nombres entrelazados por un corazón rojo. 

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