El maldito dolor de la herida pasada, aquella herida que me hizo conocer las estrellas de un modo no muy grato, corriendo atrás de una pelota, patearla como si fuera un bicho raro al que tratas de pisar para que no te pique. Los gritos, el sudor, la cara de cansancio de mi papá demuestra lo más de 6 meses que no juega y el enorme peso de la edad. Mi cara no es muy diferente, estoy totalmente cansado, las piernas me duelen, pero nosé porque aún sigo corriendo detrás de la bendita pelota blanca y negra. A lo lejos el sol nos observa mientras va muriendo.
Gol aquí, gol allá, los arcos crecieron como si tuvieran vida. Hace seis meses era toda una odisea meter un gol, ahora creo que el marcador pasó los 20 goles. Caras nuevas trotan sobre el cesped del colegio que nos prestó el terreno, caras nuevas y mas peloteras. Ya no están los viejitos colombianos, o los señores mexicanos, ni los muchachos argentinos, ni los jóvenes peruanos. Ahora están americanos de tez blanca que quizás sean latinos nacidos en la tierra del tio sam porque sueltan una que otra palabra en español. El sol sigue su retorno a su aposento para dormir, los pajaros se acurrucan dentro de sus nidos, la noche esta cayendo suavemente y la luna virginal invita a su fiesta de amantes desconocidos.
Las piernas me están matando, alguien me pateó y no me di cuenta, ya quiero que se acabe, pero también quiero seguir, el fútbol me provoca esta confusión, se corre más de lo debido, se pone la pierna más fuerte que lo pensado. Las miradas al piso hacen su paso triunfal, el cansancio es el único vencedor, el marcador nadie lo llevó, si perdimos, empatamos o ganamos es lo de menos. La gente juega por hacer deporte en aquella escuela alejada del mundo. Luego el regreso, los autoanálisis, el agua de botella, y el sol a lo lejos cerrando el telón. Que rápida es la vida y que cansado estoy !!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario