domingo, 1 de noviembre de 2009

Discúlpeme Señora!!!

2a7b128d60dd40a83ad1c8ad2439a2f3 La noche de luna llena y de halloween invitaba a todas las personas a deambular libremente por las calles oscuras y en misteriosa penumbra. La motivación estaba en un 50% en la sangre, osea ni más ni menos. Y por cosas que el destino sugiere me hallaba bailando en una ciudad alejada pero en un camino no muy ajeno. La disco estaba a medio llenar con un sin fín de personajes salidos de alguna película, de algún libro, historieta o de alguna imaginación retorcida. El ruido retumbaba incansablemente en mi oído y el suelo temblaba cuan terremoto urgido. Cuando derrepente apareció ella, la señora de las cuatro décadas, moviéndose sola en algún rincón de aquel edificio. Estaba obvio que nadie la sacaba a bailar, su rostro reflejaba las arrugas de victorias y más de derrotas de la vida. Sin embargo ella estaba allí, en ese rincón de aquella sala, con una falda sexy y con una blusa que apenas cubría sus muy pequeñas glándulas mamarias.

Me acerqué y la invité a bailar, ella sorprendida muy gustosa aceptó.2a7b128d60dd40a83ad1c8ad2439a2f3 Tenía mirada perdida, mirada vieja de cansada de la vida más no de la bailanda que proseguía. Bailamos por casi hora y media los últimos hits de moda, y los que habian quedado en la historia. El dj gritaba, todos lo seguian, el humo, las luces y el ruido, todo era una locura infinita. Luego nos sentamos porque según ella sus pies estaban casi hinchados o era que sus huesos ya no aguantaban el ritmo afrodisiaco. Le dije como me llamaba, ella me dijo de donde era. Le pregunté su edad, pecado en estos tiempos de guerra. Tengo 38, respondió con algo de fastidio, el cual yo celebré porque sabía que era un castigo. No me dijo su nombre, ni me dijo donde vivía. Le pregunté que hacia una dama a estas alturas de su edad en un antro donde no se respira, y nadie se enfría. Y empezó su historia que me causó mucha melancolía.

2a7b128d60dd40a83ad1c8ad2439a2f3 Se enamoró varias veces, varias veces tuvo una ilusión. Lloró incansablemente, hasta que no le quedaron lágrimas ni de devoción. Y a estas alturas de su edad, solo queria divertirse. Quizás encuentre alguien en la misma situación, que quiera formar una familia en tiempos de recesión. Le conté lo que pasaba por mi vida, algo breve para no hacerla aburrida. Que acababa de salir de una relación que me costó mucho asimilar, que estaba enfermo, y que estudiaba por estudiar. Me dijo que no me creia que saliera de una relación, que eso eran tácticas que usaban los chicos para llamar la atención. Incrédula mujer, o será que todas las mujeres piensan que uno siempre quiere un revolcón. Luego que le reafirmé mi pasable pena, ella me creyó.

SEÑORA: Ay muchacho! Si los hombres pudieran ver lo que pasa por nuestro corazón, sería todo un caos. Solo te digo una cosa “NO IMPORTA QUE TU LAS ELIJAS, ELLAS TE TERMINARAN DEJANDO” mejor espera una que te elija a ti y que también te guste y formaliza esa relación.

YO: Quizás tenga razón, como quizás no. Por ahora quiero estar tranquilo aunque me gustaria hablar con ella sin rencor.

SEÑORA: Solo el tiempo dirá. Si ella te quiso, regresará. Y si no, le importarás un pepino. Aunque recuerda que solo se odia lo querido.

YO: Eso si.

SEÑORA: Entonces que? Quieres olvidarla rápido?

YO: Disculpe Seño! Yo respeto a mis mayores así que abróchese esa blusa y evitemos confusiones.

SEÑORA: oh! Disculpa.

YO: Disculpeme a mi! Quizás dí a entender algo que no era. Mas bien señora digame su nombre que hace rato que conversamos y no he tenido la caballerosidad de preguntarle.

SEÑORA: Ay!!!  No me llames señora. Solo llamame ALMA. ALMA CON CARIÑO!

Fue un paro cardiáco en California que aunque las luces, el humo y el ruido seguian su curso, todo se detuvó derrepente en una atormentada palabra. Mi mirada se perdió congeniando con mi sonrisa que salió. Miré la luna llena grande y reluciente como burlándose de mí. Vine hasta aquí lejos para olvidarme de la realidad, pero la realidad me encontró. Miré mi mano derecha, miré la pitita de color. Me quedé callado, en silencio abrumador. Ella se fue al baño, yo me paré y me perdí entre la multitud, deambulando como un zoombie sorprendido de aquel nombre común y la sonrisa que en mi rostro se dibujó.